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AYAHUASCA

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PSICO-ACTIVIDAD

CRONICA

VUELO URBANO

Los vientos de la Ayahuasca soplan en la ciudad.

Publicada, en el suplemento VSD de los días viernes del diario la REPÚBLICA, correspondiente al 28 de enero del año 2000, por NILTON TORRES y MELISSA MERINO (fotos)

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La Ayahuasca, el poderoso preparado y místico alucinógeno de la selva, ahora invade la ciudad y ofrece a los mortales sus mágicos efluvios.

ELIXIR MÁGICO AYAHUASCA

MARAVILLOSOS ESTADOS ALTERNOS DE CONSCIENCIA

La cita se hace para un sábado a las once de la noche en algún lugar delos Olivos. En la puerta y la hora pactada, Ronald, su esposa Kapulana, el ayudante Ponciano Nestares y dos tipos más nos esperan impacientes.

Es casi la media noche y la luz de la habitación se apaga, aunque por la puerta se cuelen algunos destellos de los mototaxis que aún circulan por el lugar. Ronald sirve una pequeña cantidad de Ayahuasca en un vaso y lo ofrece a todos los presentes. Todos tomamos y el chamán comienza a entonar algunos cánticos.

Bostezos. Uno de los invitados comienza a hablar solo, y luego los inevitables espasmos del vómito.

El muchacho, Lucho, comienza a saltar y discute con un ser invisible. Nosotros todavía no sentimos nada. Algo de euforia talvez. Encendemos la grabadora por si en cualquier instante perdemos la conciencia.

Empezamos a sentir los primeros estragos. Luces, colores, personas queridas se acercan. Aún hay conciencia. No hay serpientes, ni boas, ni otorongos. Los sentidos se agudizan, y casi podría jurar que se escucha a lo lejos risas de chica en una fiesta.

Ponciano tararea melodías rituales. Lucho continua vomitando y se revuelca por el piso. . .

El día llega. Mientras observo el movimiento de manos y piernas, me viene a la mente La Matriz, la película. Mis manos parecen multiplicarse en cada movimiento. Aún el Ayahuasca está en mi organismo. La gente regada sobre la habitación empieza a despertar. HAY UN PRINCIPIO BASICO CON EL AYAHUASCA: CADA EXPERIENCIA ES COMPLETAMENTE DIFERENTE, se apresura a explicar Ronald. Lucho no dice nada de su delirio. Bosteza y quiere dormir. Melissa (la fotógrafa) y Kapulana están descansando.

ESTA ES LA TOMA DE AYAHUASCA, LA INTROSPECCIÓN, EL ENCUENTRO CON UNO MISMO dice Ronald-. EL VUELO DE LA AYAHUASCA NO DEBE NEGARSE A NADIE, TODOS TIENENE DERECHO A VIVIRLO SIN IMPORTAR QUE NO SE ESTÉ EN LA SELVA.

Ronald Rivera señala que la Ayahuasca no puede ser prohibida, así como fueron prohibidas la cannabis, la amapola y la coca que tuvieron usos rituales, debido a la escencia de la Ayahuasca. LO SAGRADO DE LA AYAHUASCA ES QUE SIEMPRE TE CONDUCE A UN REENCUENTRO CONTIGO MISMO, asegura enfático.

Y he aquí el meollo del asunto. Para Ronald Rivera, la Ayahuasca ya no se puede entender solamente bajo el concepto de planta sagrada. Aunque lo tilden de profano, para él el alucinógeno llevado a las grandes ciudades es una experiencia personal, algo a lo que llama AUTO-PSICOTERAPIA.

ES LA MEJOR FORMA PARA QUE ALGUIEN EXORCICE SUS DEMONIOS, ENFRENTE SUS PROBLEMAS, CONOZCA SUS LIMITACIONES Y FINALMENTE PUEDA LLEGAR A SER UNA MEJOR PERSONA.

Ronald, nuestro guía por esta experiencia extraña, alucinante, pero inolvidable, nos agradece finalmente el haberlo visitado.

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Los efectos orgánicos de la Ayahuasca vómitos, diarreas- funcionan como una purga para limpiar no sólo el cuerpo, sino también el alma.

CRONICA, AVENTURA PSICODELICA

VIAJE AL CENTRO DE UNO MISMO

Publicada en la contraportada del diario EL COMERCIO, el sábado 10 de marzo del año 2001, por NORKA PERALTA LIÑAN y DANIEL SILVA (foto)

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Un filósofo neo-chamán es el guía de una travesía al reino de la Ayahuasca desde su consultorio en los Olivos. Su tesis se basa en el conocimiento que le ha brindado la serpiente.

Todo empezó el día en que la frase de un aviso solitario pegado en una pared de la avenida Javier Prado te atrapó mientras subías a una combi.
Leíste: Vuelo Mágico, enseguida te preguntaste ¿con ayahuasca? y apuntaste el número. Pensaste que sería divertido escribir sobre la odisea psicodélica que, a través de la línea telefónica, prometía Ronald Rivera Cachique, un bachiller en Filosofía, heredero de la sabiduría de los chamanes de Pucallpa.
Y ahora estás a punto de emprender una travesía alucinante: un viaje al centro de tu conciencia. Se supone que la planta sagrada de la Amazonía te contactará con lo más profundo de tu ser y con lo más elevado del mundo sagrado. Todo sin salir del pequeño consultorio ubicado en la avenida Central de Los Olivos.
-Que la ayahuasca les sea de mucho provecho y que sobre todo les permita tener acceso a la dimensión mágica en la que todo es posible- dice Ronald con voz pausada. Kapulana -la esposa de este filósofo que se proclama neochamán- y tú lo imitan alzando los vasos que contienen el mágico brebaje que los brujos conocen con el nombre de "liana de la muerte" o "soga de las ánimas".
-¡Salud!-- dice Ronald y apura la bebida de color chocolate. Kapulana lo sigue sin perder el tiempo que tú gastas en reconocer que el olor de la pócima se parece al de la chicha de jora y que no te llega a embriagar a pesar de inhalarlo a fondo varias veces.
Ambos, según te dijeron al inicio de la entrevista, llevan más de 24 horas sin ingerir alimentos. Tienen los cuerpos debidamente desintoxicados para emprender la marcha al sueño que es realidad. Te observan ansiosos y no te queda más que beberte la poción que sabe como crees que debe saber un viejo tronco hervido. Miras tu reloj: son las 6:30 p.m.
Ya con el brebaje en el estómago, Ronald adopta la posición de un practicante de yoga: se sienta en el suelo, cruza las piernas, apoya las manos en sus rodillas y cierra los ojos. Kapulana corre a la cocina y regresa trayendo cuatro baldes de pintura vacíos.
-¿Para qué son esos baldes?- pregunta el fotógrafo, que había estado callado.
-Para cuando tengamos ganas de vomitar- responde ella suelta de huesos. El fotógrafo sonríe resignado. Kapulana reparte los baldes y pone un disco compacto de Enigma, un grupo de la New Age. Después coloca cuatro cojines en el piso, se quita las sandalias y recuesta su cuerpo sobre el improvisado colchón.
Tú pones dos almohadas en forma horizontal, te sientas sobre ellas al mismo estilo que Ronald y cierras los ojos tratando de concentrarte, aunque no sabes exactamente qué debes hacer para poner tu mente en blanco. Muy pronto prefieres estar echada como Kapulana, que respira relajada. Parece que tararea una canción chamánica, como si invocara a las serpientes que deben aparecer después de media hora de haber tomado el ancestral preparado para guiarte.
DESDE MI OTRO YO
Son las 7:00 p.m. y Kapulana, a un metro de distancia de ti, empieza a salivar y a escupir con gran ruido. Te da un poco de miedo lo que le pasa a aquella muchacha de 22 años que se enamoró del neochamán hace ya cuatro, cuando su alma giraba al compás de los ícaros, esos cantos tribales amazónicos que él entonaba. Su verdadero nombre es Haydée, pero desde hace cuatro años se hace llamar Kapulana porque se lo escuchó decir en un desdoblamiento a una misteriosa mujer con dos cabezas.
Te tranquilizas cuando ves, en una esquina del cuarto, al fotógrafo ensimismado en hallar el ángulo que mejor muestre la deformación que el trance producirá en los rasgos exóticos de Kapulana. Procuras acordarte de las experiencias y pensamientos que quieres olvidar. Durante la entrevista Ronald te explicó que la aventura está en relación directa con el motivo que haya llevado a una persona a experimentar con este brebaje.
Hay unos que hacen de la toma una especie de catarsis para liberarse de las tensiones sin ser asistidos por un psiquiatra. Hay otros que buscan un contacto con las deidades de la cosmovisión amazónica.
También están los curiosos y los que andan probando distintos tipos de sustancias alucinógenas. Abres los ojos y descubres que todavía no eres sensible a la luz. Son las 7:30 p.m. y hasta ahora no percibes ningún trastorno fisiológico o emocional trascendente. Sólo un ligero sofoco.
-¿Ya sientes algo?- te pregunta Ronald.
-No.
-Ya empezará. En el momento en que menos lo esperes- dice sin perder la postura de monje budista que le otorga sabiduría.
Cierras los ojos y una luna roja ha aparecido en medio de la oscuridad, da vueltas sobre su propio eje y, pocos minutos después, se ha convertido en un espiral. Tienes la sensación de estar sentada sobre el centro de aquel espiral que gira hasta la locura y no tarda en transformarse en un túnel. Tu cuerpo parece viajar dentro de aquel conducto a la misma velocidad demencial que han alcanzado los latidos de tu corazón. No percibes formas ni imágenes, sólo te sientes un rayo de luz que esquiva varias curvas antes de estrellarse contra una de ellas. Tu cuerpo explota en un millón de luces multicolores. Caes pesadamente en el fondo de una fosa.
Sobre tu cuerpo llueven millones de pequeñas flores que te cubren por completo. Es casi imposible que distingas si te has atragantado con ellas o es que empiezan a nacer de tu boca.
-Tranquila, tranquila. Respira lentamente- dice Ronald sintiendo tu malestar. Su voz se ha vuelto musical a pesar de que retumba en tus tímpanos. Tranquila, suena en tus oídos adormeciéndote.
Hay algunos minutos de calma antes de que aparezca frente a ti una serpiente gigante que te muestra su boca y murmura tranquila, tranquila. Su voz se parece a la tuya. Cuando empieza a inspirarte confianza te engulle. La verás a lo largo del trance y se encargará de absolver tus dudas.
Estás en el centro mismo de la serpiente. A pesar de que tu cerebro vive su propia fiesta, tú estás consciente y puedes escuchar las voces de Ronald, de Kapulana y los movimientos incesantes del fotógrafo que empieza a desesperarlos con la luz ametralladora de su flash. Parece que han pasado algunos minutos, pero han transcurrido dos horas desde que tomaste la poción. Una hora más tarde el reportero gráfico toma su propia ración y los deja tranquilos.
Durante las tres horas siguientes pasas de recibir la bofetada de las espaldas cuando dan la espalda a sentirte el centro del mundo. Estás ligera como una pluma, pero te pesan los miedos. Ronald dice que es mejor enfrentarlos ahora que seguir acumulándolos. La serpiente parece seguir sus instrucciones y se revuelve en tu memoria. Tienes dos años de edad y un millón de manos encima, entonces lloras como si fueses un trapo exprimido hasta la saciedad. Lo cierto es que apenas emites gorgojeos.
Lanzas lisuras como escupitajos, ríes hasta caer desmayada y vomitas poemas a más no poder. Te sientes dueña de la verdad absoluta y una marioneta dispuesta a bailar los ícaros que entona Ronald, cantos de ritmos monótonos que le ha enseñado la serpiente en los ocho años que tiene tomando ayahuasca.
Te ha llevado seis horas exorcizar tus demonios junto a la serpiente. Tus músculos están relajados, tienes pesadez en los párpados, pero sobre todo una sensación de bienestar. A las 2 a.m. la serpiente ha terminado de recorrer tu cuerpo y ha quedado en el balde de pintura vacío. Abres los ojos, saludas a Kapulana y a Ronald como si hubieses vuelto a nacer en sus brazos. Les agradeces y prometes regresar. Tienes muchas preguntas más que hacerle a esa serpiente.

NORKA PERALTA LIÑÁN

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FUERA DE ESTE MUNDO. Kapulana participa del viaje y parece invocar a las serpientes que aparecen en su mente durante el trance con la mítica liana de las ánimas.


Ayahuasca en Lima - Perú